LA LEY DEL AMOR

La ley La ley, sí, pero ¿qué ley? No la del puro que observa, desde una barrera de cumplimientos, a los equivocados, los perdidos, los transgresores. No la de quien agarra la piedra y lapida al culpable en nombre de un Dios cruel. No la de la virtud jactanciosa, o el discurso hipócrita. No la de la brizna en el ojo ajeno, ni la del ego desmesurado. No la que esclaviza y no libera. No la de credos impuestos. ¿La que se cumple por miedo? ¡No! La del amor. Solo esa. Que se conmueve, arde, celebra y lucha. Que tiende los brazos. Que entiende las caídas, que aspira a todo desde el saberse poco. La de la entraña estremecida ante el misterio del prójimo. La del sollozo compasivo que no renuncia a la esperanza. La que sostiene la vida sin conformarse con menos. La de la risa sincera. La de vaciarse hasta la última gota. Y vivir. Y morir. Y resucitar. Esa ley 

La ley de Jesús es la ley del amor 

Si, la ley es la ley y Jesús nos vino a traer otra ley la ley del amor, nosotros debemos esta practicar y dejarnos de las leyes que coartan que lastiman que atolondran las mentes, aquellas que inmovilizan las conciencias y lastiman hacen daño son inamovibles, aquellas que hacen suyos los que creen en ellos mismos, no la ley tuya es la ley del amor esa es la que busco creo y adoro Señor. 

Dadme la voluntad necesaria para que siempre la lleve la practique y la sienta y la lleve a mis hermanos si esta ley es la que busco y quiero y a ti y a ti solo busco Jesús 

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