SOLDADITOS DE PLOMO

soldaditos de plomo (pequeño cuento)

En el día de su cumpleaños, un niño recibe una caja de veinticinco soldaditos de plomo. Uno de ellos tiene solamente una pierna, pues al fundirlos había sido el último y no había habido suficiente plomo para terminarlo. Cerca del soldadito se encuentra una hermosa bailarina hecha de papel con una cinta azul anudada en el hombro y adornada con una lentejuela. Ella, como él, se detiene sobre una sola pierna, y el soldadito se enamora de ella. Pero a medianoche otro juguete, un duende en una caja de sorpresas, increpa furioso al soldadito prohibiéndole que mire a la bailarina. El soldadito finge no oír sus amenazas, pero al día siguiente, acaso por obra del duende, cae por la ventana y va a parar a la calle. Allí, tras llover un buen rato, dos niños lo encuentran y lo montan en un barquito de papel, enviándolo calle abajo por la cuneta. La corriente arrastra al soldadito hasta una alcantarilla oscura, donde una rata lo persigue exigiéndole un peaje. Por fin, la alcantarilla termina y el barquito de papel se precipita por una catarata a un canal, donde el papel se deshace y el soldadito naufraga. Apenas comienza a hundirse, un pez lo engulle y de nuevo el soldadito queda sumido en la oscuridad. Sin embargo, poco después el pez es capturado y cuando el soldadito vuelve a ver la luz se encuentra de nuevo en la misma casa. Allí está también la bailarina: el soldadito y ella se miran sin decir palabra. De repente, uno de los niños agarra al soldadito y lo arroja sin motivo a la chimenea. Una corriente de aire arrastra también a la bailarina y juntos, en el fuego, se consumen. A la mañana siguiente, al remover las cenizas, la sirvienta encuentra un pequeño corazón de plomo y una lentejuela. Si mi soldadito así eres como esa bailarina que al remover las cenizas en plomo convirtió. Y así como este cuento que hermoso me parece en primera línea encuentro a soldados sin medalla, que por nosotros murieron, pensemos por momentos en esos soldaditos que se ponen al volante, para llevarnos alimentos a los supermercados, y pensemos por ejemplo en aquellos soldaditos que sin máscara te curan y te sacan ese virus, o en aquellos soldaditos que te llevan la Palabra, te consuelan, o te miman, te cantan, te acompañan, te llevan la comida, te llaman y te animan, te dicen hasta pronto, o limpian la ciudad. Pensemos en aquellos soldaditos que se acercan a tu cama, y aquellos soldaditos que al cielo suben, y luego como si fuera un gran tobogán bajaran. Hay muchos soldaditos por suerte. Es lo bueno de estos tiempos descubrir que hay batallas por las que merece la pena sentir que eres humano, que somos soldaditos no de plomo como el cuento sino de carne y hueso pero que hermoso ser también de plomo como el cuento y como el niño de la foto te coja y te ponga en primera línea de batalla. En primera línea de fuego SIN COMENTARIOS Leo en un artículo de prensa lo siguiente “La Obra Social de San Juan de Dios en Granada, con todas las medidas de seguridad, permanece activa también durante el la alerta sanitaria dando servicio diario a cientos de usuarios a través de su comedor social. Desde que empezara la cuarentena, ya son 2.240 los menús de primer plato, segundo plato y postre, que se han repartido entre más de cien usuarios que acuden al día” La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios atendió en 2019 a más de 7.000 personas a través del Programa de Urgencia Social y más 6.000 a través del Servicio de Garantía Alimentaria. Un total de 14.715 personas que han recibido la atención de la Orden entre los programas mencionados anteriormente y los dedicados a la inserción social, a la atención social a la infancia y al Programa de Prestaciones Y al final en que queda, quienes lo van a reconocer de las Instituciones, quienes pasarán por la calle San Juán de Dios y pondrán en tu estatua una flor, quienes pasarán por la Iglesia y no criticaran los que carecen de fe lo que un día devolviste a la sociedad, si pero seguro que los 14715 personas que fueron más los miles que continuamente van lo agradecerán, pero por desgracia esos que van por estos sitios no votan, no cuentan, no aportan. Solo en el contexto de la desgracia nos aportan como al buen samaritano la fe en los que creemos y nos ayuda a los que dudan Desde lo más profundo de mi corazón GRACIAS Danos, Señor, aquella Paz extraña que brota en plena lucha como una flor de fuego; que rompe en plena noche como un canto escondido; que llega en plena muerte como el beso

Por la Estela de la noche.

Abogado Escritor

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