No me pierda

No te había suplicado nada, y te compadeciste de mí.  

No había articulado ningún sonido, y me comprendiste 

Hubo un tiempo en que yo no existía, y tú me creaste.  

No había pedido nada, y tú me hiciste. Todavía no había salido a la luz, y me viste. 

 No había aparecido, y te compadeciste de mí. 

 No te había invocado todavía, y te ocupaste de mí.  

No te había hecho ninguna señal con la mano, y me miraste.  

No te había suplicado nada, y te compadeciste de mí.  

No había articulado ningún sonido, y me comprendiste. 

 No había todavía suspirado, y me escuchaste. 

Aun sabiendo lo que actualmente iba a ser, no me despreciaste. Habiendo considerado con tu mirada precavida las faltas que tengo por ser pecador, sin embargo, me modelaste. 

Y ahora, a mí que tú has creado, a mí que has salvado, a mí que he sido objeto de tanta solicitud por tu parte, que la herida del pecado, suscitado por el Acusador, ¡no me pierda para siempre!… 

Publicados
Categorizadas como Adviento

Por la Estela de la noche.

Abogado Escritor

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